Cómo con implantes, se puede tener una dentadura perfecta y saludable

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Dicen que la cara de una persona es el reflejo del alma. Pero si desde la cara se manifiestan graves problemas dentarios, ese reflejo puede desdibujarse un poco. Muchas personas se han visto rechazadas y hasta discriminadas en sus trabajos, con sus parejas o en distintos círculos sociales, debido a que su estética dental no ha logrado tener la misma importancia que su belleza facial y corporal. Un vendedor, por ejemplo, tendrá más éxito, si su dentadura es blanca y pareja, por lo que en muchas empresas de países del primer mundo, se busca y premia a aquellos que tienen la famosa y perfecta “sonrisa vendedora”. Por eso, desde no hace muchos años, se produjo una especie de revolución odontológica en el mundo, cuando millones comenzaron a recurrir más y más a nuevos y extraordinarios tratamientos, que permitían reemplazar en muy poco tiempo sus piezas dentarias deterioradas o inexistentes, por los llamados implantes, dejando atrás a las muchas veces antiestéticas e incómodas dentaduras postizas. Generalmente el paso de los años, hace que los dientes se desgasten, las raíces se debiliten y pierdan la correcta funcionalidad que deberían tener, aspecto que muchas veces hace que las personas se depriman y pierdan la seguridad en si mismas, al no poder lucir una gran sonrisa agradable y contagiosa. Pero gracias a la elaboración de nuevos materiales dentales, el éxito de los implantes de uno o más dientes o muelas colocados en el maxilar superior supera hoy el 90% de los casos y en el maxilar inferior, el 95%, lo que hace que muchos se inclinen cada vez más a adoptar este tipo de técnicas.

Para informar mejor a sus lectores sobre este tema, El Observador invitó a un largo diálogo explicativo sobre este tema, al famoso y reconocido odontólogo paranaense Dr. Julio García, quien no solo es uno de los especialistas en implantogía más reconocidos de Argentina, sino que también se ha dedicado a formar a otros colegas en el país y en el extranjero. Sintetizando las explicaciones del Dr. García, rescatamos lo siguiente: “los implantes constituyen la tercera dentición de una persona y son la mejor alternativa de solución para aquellos pacientes de 50 a 70 años, que han perdido parte o todos sus dientes. Sin embargo, presentan más beneficios cuando son colocados 10 o 20 años antes de que se pierda las piezas dentarias. La técnica se ha perfeccionado mucho. Antes esperábamos un año aproximadamente para hacer un implante y actualmente los hacemos con posterioridad al momento de la extracción, porque de esa manera sostenemos un hueso que tiende a reabsorberse y perderse velozmente entre la encía, en los próximos 60 a 90 días. Cuando un paciente ha transitado gran parte de su vida sin algunos dientes y decide hacerse un implante cuando ha perdido casi todos, comienzan las limitaciones del sistema, porque se debe haber perdido alrededor del 70% del contacto con sus huesos soportes. Todo implante no deja de ser un tornillo, que necesita ser fijado y si no hay hueso suficiente, se puede recurrir a cirugías un poco más complejas. Décadas atrás, se esperaba a cambiar un diente, hasta que la pieza original no pudiera más cumplir sus funciones. Sin embargo, ese concepto se ha revertido. Desde hace un tiempo a esta parte, se ha acordado cambiar por un implante a todo aquel diente que el paciente no pueda mantener el suficiente nivel de higiene local, dado que le queda solamente un 30% de soporte aproximadamente. Este aceleramiento de los tiempos, es en virtud de poder prolongar la vida útil del implante y lograr que estéticamente el diente sea lo más parecido posible a las piezas vecinas, cuando se trata de cambios individuales o unitarios”.

En cuanto a la funcionalidad de una dentadura implantada, García comentó que son muy altos los índices de funcionalidad que presentan en cuanto a la actividad de masticación. “El paciente que se realiza un implante, podrá luego comer de una manera muy parecida a la natural para su edad”, dijo García.

El tratamiento de implante es longevo en cuanto a su vida útil, salvo que se le aplique una fuerza desmedida que rompa los bordes del hueso sostén, como por ejemplo un fuerte impacto por una caída o golpe involuntario, o bien por ausencia de un correcto cepillado. El implante es cómodo para quien lo porta y se aplica a partir de que la persona ha culminado el desarrollo óseo. “En las mujeres es a partir de los 16 o 17 años y en los varones desde los 16 o 18. En esas edades el proceso de osificación y evolución ósea está terminado, permitiendo poder fijar las piezas sin consecuencias”.

El período de recuperación de quien opta por cambiar sus dientes ha disminuido considerablemente, sobre los cuales García explicó: “El paciente puede operarse a la mañana y por la tarde estar trabajando con normalidad. Asimismo, existen técnicas más avanzadas y específicas que cumpliendo ciertos requerimientos, permiten seguir con una rutina liviana al salir del consultorio. En los casos en que las intervenciones son más complejas, se sugiere un cuidado que oscila entre las 48 y 72 horas posteriores, tras las cuales, la persona vuelve a sus actividades habituales muy prontamente”.

 

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