“Yuyito” González contó cómo dejó “las tablas” por una cuestión de fe

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La famosísima ex actriz y ex vedette de Argentina y Latinoamérica, Amalia “Yuyito” González, recordada por sus más de 30 años de intensa vida farandulera hasta 2006, estuvo en Entre Ríos para presentar el sábado pasado en General Ramírez, su libro llamado “De la fama a la fe”, en el Polideportivo Municipal. Próximamente va a publicar su 2º libro, que se llamará “A 100 pasos de la bancarrota”. González también visitó El Observador y el Centro Radial, Televisivo y Periodístico de Entre Ríos, donde le preguntamos, sobre el cambio en su vida, tras tantos rotundos éxitos en la televisión, cine, teatros, etc. para entregarse desde hace 6 años a una vida espiritual.

– Alguno de sus ex compañeros o colegas ¿pasaron por una transformación similar…?

– Sí, varios. Jorge Porcel en un momento, ya viviendo en Miami, recibió la palabra de Dios, se convirtió y empezó a emitir otro tipo de mensaje, distinto a su lenguaje habitual del humor, del doble sentido o de la picardía. Es como que va por más, con otra profundidad. De alguna manera uno deja de vivir para sí mismo, el ‘dame, decime, halagame o mirame’. Viene a ser como un quiebre en esta manera de vivir y de sentir…

– ¿Vivir rodeada del éxito y aplausos, termina por agotar…?

– A veces, a pesar de haber logrado todo o más de lo que habías buscado, seguís con un vacío interior, algo que no te permite vivir plenamente y que generalmente  se vuelca en el alcohol, en las pastillas o en cualquier otra cosa similar. En mi caso, después de tantos años de trabajo, la palabra de Dios me fue enseñanda y aprendí sobre la importancia de compartir. Para aquellos que hemos estado metidos “para adentro”, siendo egoístas, venir a encontrarnos con un lenguaje de dar y prestar atención a la necesidad del otro, es toda una novedad. Parece algo común, pero no es lo habitual que nos pasa. Uno busca ser famoso, otro tener un título, alguna quiere un marido que se llame fulano de tal, alguien desea la mujer 90 – 60 – 90, porque lo hace quedar bien. Esas son cosas que tenemos los seres humanos. Nuestra seguridad depende de la plata que tenemos, del nombre, de la casa, del barrio donde vivimos, qué va a estudiar nuestro hijo… Todas muletas que vamos teniendo y no son suficientes para la felicidad de una persona. Son paliativos, circunstancias…

– ¿Cuándo fue el momento del cambio…?

– Cuando una persona entra en crisis, no está razonando objetivamente, ni fríamente. Yo venía de un éxito en Mar del Plata, en 2005, cuando entré en crisis… Venía de notas y de todo lo que tiene una vedette en plena temporada. Sin embargo, llegué con un vacío a mi casa y dije ‘esto para mí se terminó’, sin saber que iba a ser después de mi vida. Yo estaba insatisfecha, a pesar de los logros personales y eso me traía otros problemas colaterales. En algún momento, alguien me nombró a Dios de una manera diferente a como yo lo conocía. Me habló de Cristo, de transformaciones, de fe, espíritu, de otro lenguaje, de un mundo intangible. Porque no es algo que te vienen con una caja de pastillas para tomar por día. Fue entrar a un mundo distinto. Inclusive cuando uno está tan necesitado de cosas tangibles o materiales o hechos concretos. Cuando se fue tu marido y querés que vuelva, por ejemplo, o una persona con diagnóstico de cáncer que quiere curarse ya, se puede empezar por abrir el corazón y cuando ya nada nos está dando resultado, dar un paso de fe, que es recibir a Cristo en el corazón de uno y decir “yo no sé que hacer con esto, no me puedo curar del cáncer, ni puedo hacer que vuelva mi marido, ni puedo remediar mis deudas ya, ni puedo terminar con mi depresión, todas las cosas que nos pasan a los seres humanos y no las andamos contando por la calle, todo esto es algo que se experimenta en la intimidad mayormente. Luego la persona se desborda y ya lo vive en pareja, el marido, los hijos, el hogar familiar, después vienen estas cuestiones que parecen medio novelescas pero son reales. Antes de venir para acá, en mi barrio un señor se tiró de un primer piso y yo me preguntaba, ¿cómo podemos ayudar a esas personas? La gente no quiere escuchar el problema del otro, porque tiene muchos problemas personales. Sin embargo, cuando entramos al mundo de Jesús, Él está dispuesto a escucharnos todo el día y seguro nos va a ayudar. No lo vemos, pero estamos conectados con el Espíritu de Dios, como nos enseña la lectura de la Biblia, a poner la fe en Dios, en el nombre de Cristo, sin ritualismos, ni religiosidad. Es un cambio desde el corazón, la mente, una sanidad desde el interior. El corazón debe estar sanado para que los pensamientos estén ubicados de otra manera y las decisiones también se ubiquen de esa manera. Es un proceso al que estamos todos invitados. Después nos vamos apoyando en lugares que se llaman Iglesias, Templos, casas de oración, donde las personas que amamos el Evangelio, hemos descubierto que la palabra del Evangelio transforma a una persona…

 

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