Aseguran que en los jóvenes hay un lenguaje cada vez más empobrecido

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Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, expresó que “cuando no hay capacidad de expresión se achica el pensamiento. Lo vemos todos los días con jóvenes que no leen, que no saben escribir correctamente y terminan con un lenguaje empobrecido. Y ese empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático”.

 

Barcia formuló su preocupante diagnóstico durante una entrevista realizada por La Nación, a raíz del reciente lanzamiento del Diccionario argentino de dudas idiomáticas (DADI), publicado por la editorial Santillana, que echa luz sobre errores, vacilaciones, incertidumbres y barbaridades en que caen los argentinos a la hora de escribir y de hablar.

 

El libro es fascinante en cada una de sus casi 500 páginas. Ahí se puede saber cómo se conjugan los verbos, qué acepción tienen los adjetivos para saber usarlos correctamente y cómo se han castellanizado algunas palabras nacidas en otro idioma, como chofer, video, etcétera.

 

“Todo comenzó cuando teníamos acá (por la Academia de Letras) el Consultorio Gramatical de Urgencias; entonces la gente llamaba para preguntar cómo se decía o se escribían las palabras y qué significaba cada una de ellas y nos dieron un poco de bronca las dudas que tenían. Pero no todo fue malo, porque de allí nació el «dudario básico» que derivó en este DADI”, dice, y aclara que dudario es una palabra que existe y que se utiliza de esa manera.

 

Barcia cuenta, siempre muy entusiasmado, que hubo imposiciones muy graduales que cambiaron el lenguaje, como el voseo y el “ustedeo”; o los horriblemente célebres verbos terminados en izar, como banelquizar; o términos como “corralito”, que “nos llevaron a reflexionar y a asentar criterios. Además, piense que es el uso de la gente culta lo que impone la modificación”.

 

-¿Cuál fue el término o la situación más difícil que tuvieron que resolver?

 

-El dequeísmo fue una de las cosas más difíciles de definir. Nos llevó mucho tiempo y trabajo porque para hacer un buen diccionario es necesario que se cumpla la regla de las tres “C”: corrección, concisión y claridad.

 

Barcia admite que los niños son los que utilizan en forma “lógica” el idioma, porque usan siempre verbos regulares. Y que los irregulares se inventaron por conveniencia. “Y es el uso el que quebró esa lógica. Los chicos dicen «andé a caballo» -ejemplifica- y no está mal conjugado.”

 

Como si fuera una de sus clases y no un reportaje, el lingüista cuenta: “Los teólogos dicen que son los herejes los que hicieron desarrollar la teología, al ponerla en duda. Y lo mismo pasa con la lengua. Fijate, María Montessori [la educadora] decía que la lengua es el cemento social, el gran instrumento de la inclusión. Y es cierto”.

 

Hojeando el diccionario con detenimiento nos topamos con la ignorancia. Por ejemplo, lo correcto es decir absceso, y también es correcto escribir acechanza y asechanza, aunque signifiquen cosas diferentes: la primera, “observar o esperar cautelosamente con algún propósito”, mientras que con “s” es “engaño o trampa”. Y aclara el DADI: “Ambos términos fueron especializando sus usos y no deben confundirse”.

 

Tampoco es bueno, siguiendo con los ejemplos, decir que algo está arriba de la cama, porque lo correcto es “encima de”; “bienpensante” está mal escrito porque antes de “p” va “m”, aunque en forma separada es correcto.

 

En cuanto a los adverbios, Barcia sostiene que frente a ellos la gente “desconfía”, porque algunos son inventados, como “jamasmente”, bastante usado en el interior del país. Los periodistas, en cambio, desconfiamos de los gerundios, a pesar de que es más difícil equivocarse con estos últimos que con los primeros.

 

-¿Las palabras se mueren?

 

-Sí, las palabras se mueren cuando se dejan de usar durante una determinada cantidad de tiempo, pero no puedo decir cuánto exactamente. Yo creo en lo que decía Manuel Seco: “Todos los días saco a pastorear algunas palabras”. Mirá, antes al gaucho se le decía “gauderio” o “camilucho”, pero son formas que se han perdido.

 

 

El titular de la Academia dice que el léxico se va perdiendo paulatinamente porque en las aulas no se utiliza el diccionario durante las horas de clases y que es la radio la que conspira para empobrecer la lengua. “La radio es lo más peligroso en cuanto a la cosa gramatical”, concluye.

 

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