Envidia y odio: enfermedades “top” de nuestro tiempo

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La envidia es un fenómeno psicológico y social muy común por estos tiempos, que hace sufrir enormemente a muchas personas, tanto a los propios envidiosos por la impotencia que les genera ese sentimiento, como a sus víctimas por el daño que se les causa. Se podría definir como una frustración insoportable ante el éxito, el buen pasar económico o la felicidad de otra persona, que lleva a desearle inconscientemente la desdicha.

El envidioso es un insatisfecho, ya sea por inmadurez, represión o ignorancia. Pero a menudo no sabe que lo es, hasta que comienza a guardarle rencor a aquellos que poseen la belleza, el dinero, el poder, la libertad, el amor, la personalidad o la experiencia que siempre quiso y no pudo desarrollar. Así, en vez de aceptar sus carencias o plantearse de qué manera puede darle curso a sus anhelos, el envidioso odia a quien le recuerda sus privaciones. En otras palabras, es la rabia vengadora del impotente, que en vez de luchar por sus sueños, prefiere eliminar la competencia. Por eso la envidia es una defensa típica de las personas más débiles, acomplejadas o fracasadas.

El Dr. Ismael Ravinovich es un conocido abogado, adventista, periodista y de origen judío, que entre otras actividades, tiene un programa matutino diario en la radio FM Libertador 90.3 de Libertador San Martín, que registra una audiencia record en esa zona, por sus opiniones directas, certeras y a la vez punzantes, que alegra o incomoda a unos u otros, muchas veces por destapar alguna “olla” intocable o llevar al micrófono temas tabúes en una sociedad conservadora y muy religiosa. Querido u odiado, pero siempre escuchado. Ya en otras oportunidades, Ravinovich impresionó a los lectores de El Observador por su claridad para tratar “temas del alma”. Esta vez fue invitado por Canal 6 ENTRE RÍOS TV y luego habló con nuestro medio, acerca de esta moderna enfermedad que destruye sociedades, sobre la cual expresó: “La envidia es un tremendo trastorno del alma, que está muy vinculado a la perturbación del espíritu humano. Puede que el vecino se compró un BMW, coche que uno también desea, entonces se dice ‘nunca lo voy a tener’ y allí entra la locura. Eso es la codicia, que tampoco es saludable. Sin embargo, la envidia es quizás mucho peor, porque no sólo es pretender lo que tiene el vecino sino además desearle el mal, irradiarle negatividad por el éxito obtenido. Ya no alcanza con obtener el BMW y quedar en igualdad de condiciones, sino que el ánimo es querer que al vecino se lo choquen y no se lo cubra el seguro. En cualquier ámbito de la vida, los logros y realizaciones perturban. Es degradante para la dignidad humana ver como muchos dicen ‘lo felicito’ y por dentro sienten todo lo contrario. La envidia desencadena rechazo hacia las personas y repudio a las situaciones que presenta el destino, lo cual se torna destructivo y roza el sentimiento de odio. Muchas personas abrigan odio en su interior, porque pesan sobre ellos situaciones que no pudieron superar. Hay quienes no consiguen perdonar a sus padres por ejemplo, porque cuando eran niños fueron maltratados. Las mujeres y hombres que experimentan una separación traumática por infidelidad, pasan a odiar a quien fue su pareja. Hay tantos casos por enumerar, pero la pregunta es ¿qué se gana odiando? ¿quién termina dañándose más? ¿hasta dónde es capaz de llegar una persona dominada y cegada por el odio y la envidia? Los crímenes pasionales, homicidios y cualquier tipo de delito, son la muestra fehaciente de que el accionar humano no conoce de límites cuando la ira anula todo pensamiento racional. Lejos de ser la envidia una simple afección que pasa por lo emocional, incide en forma directa sobre el funcionamiento del organismo. Estudios científicos recientes han demostrado que las personas que guardan resentimientos, los somatizan y llegan a sufrir enfermedades graves como el cáncer, accidentes cerebrovasculares, infartos, depresiones crónicas y otras patologías cuyos factores desencadenantes se relacionan con el estrés y la tensión. El odio que provoca la envidia son sentimientos tan lesivos y nocivos, que pueden llegar a bajar las defensas del cuerpo, permitiendo el desarrollo de ciertas infecciones. El tratamiento está alejado de los fármacos y las prácticas costosas. Basta con relajarse y hacer un profundo análisis interno, que permita olvidar y dejar atrás las supuestas causas que llevaron a la envidia. Perdonarse a sí mismo y desafiarse cambiar es un buen comienzo”.

La contención que proviene de la fe es sumamente importante para lograr el bienestar psíquico y espiritual, para alcanzar el equilibrio que el cuerpo humano necesita para gozar de buena salud. Al respecto, Ravinovich reflexionó: “Fuimos creados por Dios para amar al prójimo. ¿Cuánto puede resistir un corazón envenenado por la envidia? Sin avergonzarnos y más allá del lugar en que nos encontremos, no importa si es en la habitación, en la ladera de una montaña, en un río, donde sea hay que reconocer que no se puede salir solo y decirle al Señor que nos guíe hacia la luz. Quien no tiene buenos sentimientos no hace feliz a su familia, ni a quienes lo rodean. No aporta nada al milagro de la vida ni al propósito que tenemos en este mundo”.

 

 

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