Opinión: Un padre preocupado por el inicio de clases con paros docentes

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Un padre nos envió la siguiente carta en la que expresa sus vivencias y preocupaciones ante los paros docentes, que complicaron el inicio del ciclo lectivo 2011. La nota dice lo siguiente:

“Comencé a escribir esta carta con el motivo de realizar una queja con respecto a la indolencia por parte de los “Docentes” con el inicio de las clases, quizás porque a mí, como a muchos otros padres, nos pasó que hoy nuestros hijos comenzaban primer grado, sus pasos iniciales en lo que es crecer, aprender, empezar a conocer y formarse en lo que el día de mañana será una hermosa persona. Pero me encontré con un paro de 24 horas. De los cuatro gremios que nuclean a los docentes, tres de ellos aceptaron la oferta del gobierno, y el mayoritario decidió no iniciar las clases. Me surgieron varias preguntas, la primera ¿por qué cuatro gremios? ¿Representativos? ¿Con personería gremial todos ellos? Luego meditando aún más este hecho, analicé o intenté hacer un razonamiento más acabado sobre la participación del gobierno en este asunto, que se hizo esperar y sobre la hora del inicio de clases llevó adelante una paritaria. Podría haberlo hecho en diciembre, lógicamente para incorporar este aumento al presupuesto, o haberlo concertado durante enero, pero llegamos a la anteúltima semana de febrero del corriente año hablando solamente de una cuestión salarial, y como lo vivimos todos, el mismo es insuficiente. Más allá de ser o no ser oficialista, uno se da cuenta con las compras que hace en el supermercado, en la librería, en el kiosquito de la esquina, que todos los precios subieron hasta las nubes; uno camina, elige, consulta, pero el bolsillo sigue achicando sus ingresos y sigue deteriorándose día a día, por eso es justo reclamar un salario digno por la tarea que se realiza. Pero a medida que analizaba los pormenores de la demanda, también iba viendo el deterioro progresivo que en estos últimos años ha sufrido la educación en nuestro país. Comparaba la actualidad de mi hija con mis años de estudiante, a pesar que mi inicio de clases de primer grado sucedió en una época negra. Recuerdo la caminata junto a mi madre para mi primer día de clases, el guardapolvo blanco, las ansias de aprender, las ilusiones, los pupitres de madera y las lágrimas, verla a mamá que me saludaba desde la puerta, entrar al aula con la maestra y mis compañeros a transitar un nueva ciclo en mi vida mientras descubría los primero garabatos y las cuentas. Hoy caigo en la cuenta que para mi hija, que desde los 3 meses concurrió al jardín maternal, sus ansias de comenzar se han visto truncadas y me apena ver que la enseñanza que dejó su primer día de clases sea la ausencia de su maestra que se adhirió al paro, donde los ‘Docentes’ ya no son aquellos de vocación donde su arma más importante era trasmitir con cariño y paciencia el conocimiento a sus alumnos, de acompañar paso a paso en el camino del conocimiento asegurándose que realmente aprenden a leer y a hacer las cuentas, o de vagar con ellos en el recreo haciendo de los mismos la mejor sala de juegos. Hoy mi pequeña y yo iniciaremos juntos este camino, yo imaginando que la casa se transformará en la escuela, donde ambos confrontaremos maneras de aprender, nuevas formas de gramática y donde también comenzaré a estudiar nuevamente, dado que el abecedario que yo conocí ya tiene menos letras, con mis errores ortográficos que quizás ya no sean tales porque además han cambiado las reglas ortográficas y gramaticales. Ni hablar de matemáticas y geografía, entre toda una serie de materias nuevas que aún no conozco de qué se tratan. No solamente la informática ha cambiado el proceso educativo, lo que se ha modificado radicalmente es nuestra forma de vida, la globalización donde paradójicamente el individualísimo es cada vez más marcado, y se nos mide por el éxito personal y el triunfo económico y no por otros valores de índole espiritual que hacen que uno sea una buena persona. Quizás soy muy poético o muy idealista, pero me gustaría que nuestros gurises aprendan que no compartir las mismas ideas no nos transforma en enemigos, sino en alguien que simplemente piensa distinto, debatir sobre estos pensamientos, que sepan elegir y que tengan la oportunidad de poder llevar adelante propios logros, sin necesidad de que a través de un plan o de una dadiva les compren la voluntad. Por eso mi queja se transforma en esta idea, en algo que quiero que mis hijos tengan, igualdad de oportunidades, que puedan lograr por si mismos comprender y buscar lo que verdaderamente desean y tener las herramientas necesarias para hacerse de un futuro sólido. Me atrevo a soñar un poco más pidiendo que la educación sea un pilar exitoso en la formación académica de los niños y jóvenes, y que no pase solamente por el eterno diálogo entre el gobierno y los gremios por la cuestión salarial, sino que además se discuta a conciencia sobre sus contenidos y el mejoramiento del sistema educativo, generando compromiso tanto por altos funcionarios y educadores para que se lleve adelante, dando participación a todos los interesados en querer mejorarlo para que triunfe y no se den tantos casos de repitencias o abandono; que los padres también se comprometan a colaborar desde el hogar con esta importante tarea, y que nuestros ‘docentes’, realmente estén abocados a su noble trabajo de enseñar y vuelvan a convertirse en lo que muchos maestros fueron para nosotros, respetados como seres humanos, formadores de opinión, que con entereza y disposición nos infundieron una manera de discernir, de razonar, de decidir y nos brindaron las herramientas necesarias para que hoy nos sepamos defender. Mi queja como verán, fue disparadora de una infinidad de temas en mi cabeza que siguen inconclusos, y lo que me queda de todo esto, no es algo positivo. El anhelo de acompañar a mi hija en su primer día de escuela se vio truncado por muchas circunstancias irresueltas y ojalá que no se sigan multiplicando los motivos que a ella, como a muchos otros niños que están en su misma situación, no le permitan educarse como es su derecho”. Jorge Oscar Jesús Godoy (DNI 22.339.613)