Arzobispo preocupado por la “politización” de los jóvenes y por lo que se dicta en las escuelas

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El arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, advirtió sobre el “sesgo ideológico” de los contenidos curriculares, sobre todo en áreas como educación sexual o construcción de la ciudadanía y llamó a “cuidarse” de los régimenes totalitarios en materia educativa.

“No es lo mismo formar buenos ciudadanos que pequeños teóricos críticos, politizados prematuramente y uniformados por una concepción pseudoprogresista del cambio social”, alertó el titular de la Comisión Episcopal de Educación Católica al presidir una misa en la catedral platense para educadores católicos.

El prelado insistió en advertir que “no es posible ignorar o disimular por una especie de tolerancia beata, o por temor, el sesgo ideológico que campea en varios contenidos curriculares, sobre todo en áreas tales como Historia, Educación Sexual, Salud y Adolescencia, Construcción de Ciudadanía, y ahora Política y Ciudadanía”.

“Se dice que es responsabilidad del Estado formar ciudadanos, pero ¿acaso pretende hacerlo adoctrinando a niños y adolescentes para domesticar así a la sociedad con la vara del pensamiento único”, interpeló Aguer según informó hoy la agencia católica AICA.

El arzobispo platense sostuvo que “cada tanto parece asomar nuevamente la ambición monopólica del Estado en un ámbito tan delicado como éste de la orientación intelectual y del juicio sobre los acontecimientos históricos y las realidades sociopolíticas”.

“El modelo de los regímenes totalitarios es un ejemplo pernicioso del cual debemos cuidarnos. Los padres de familia tendrían que estar más atentos a lo que se enseña a sus hijos en la escuela, pienso sobre todo en la de gestión estatal”, reclamó.

Asimismo, recordó a las comunidades educativas católicas que, ejerciendo la responsabilidad de ciudadanos, tienen “el derecho y el deber de examinar los programas, corregirlos y completarlos a la luz de la antropología cristiana y la doctrina social de la Iglesia”.

Aguer también aclaró a los representantes legales de los establecimientos católicos que “no representan al Estado, sino al arzobispado o a la congregación religiosa titular del instituto en el que ejercen su dignísimo cargo”.

“Ellos (por los representantes legales) y los directores deben obedecer antes a la Iglesia, al obispo, y luego, en lo que corresponda, al inspector o a la inspectora”, precisó.

El arzobispo estimó, además, que “otro obstáculo que la misión educativa tiene que afrontar es el ambiente cultural en el que vivimos, en el cual se advierte hasta qué grado ha llegado el proceso de descristianización que afecta incluso a muchas personas que se consideran católicas, y lo son por el bautismo, pero que no piensan ni viven como tales”.

Y alertó sobre “la fobia anticatólica de pequeños cenáculos muy activos e influyentes, con la parcialidad opinativa y la degradación cultural que destilan algunos medios de comunicación”.

Aguer se refirió luego a la misión de la escuela católica al subrayar que “no son sucursales de la iniciativa oficial o ámbitos supletorios de la responsabilidad educativa del Estado en una especie de subsidiaridad invertida, sino que tienen su propia identidad y constituyen, junto con otras instituciones privadas y con la vertiente estatal, un único sistema público de educación”.

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