Magrín: “Si es un año ‘Niña’, conviene retrasar la fecha de siembra del maíz”

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La especialista del Instituto de Clima y Agua del INTA, Graciela Magrín, analizó el impacto del cambio climático en la agricultura en el contexto de un año “Niña”, el que provoca consecuencias directas e indirectas en los rendimientos de los cultivos. La profesional remarcó que “durante las últimas décadas del siglo XX se observaron aumentos significativos de las precipitaciones en el sur brasileño, Uruguay y en el centro y noroeste argentino, entre otras zonas, al tiempo que se redujeron las lluvias en el centro-sur de Chile, las regiones sureñas de Perú y el centro oeste de la Argentina. En la misma línea, se incrementó también la ocurrencia de eventos extremos y sin precedentes que alertan sobre la vulnerabilidad de la agricultura frente a las afecciones de los recursos naturales. Pero la variabilidad climática existió siempre, en todas las épocas hubo años húmedos, secos, más calurosos o más fríos. Con el cambio climático, esos eventos que suelen llamarse extremos, porque provocan sequías fuertes, inundaciones, olas de calor y demás, se dan en forma más frecuente y acentuada”.

La especialista agregó que “si bien la agricultura posee una gran capacidad de adaptación a los cambios paulatinos, los eventos extremos pueden constituir una amenaza que debe considerarse con atención” y aclaró que “los fenómenos no se dan sólo en la Argentina sino que se registran globalmente. La campaña 2010/11 corresponde a un año calificado como ‘La Niña’, por lo que la región pampeana argentina, así como Uruguay, parte del sur de Brasil y parte del Paraguay, registraron lluvias por debajo de lo normal durante el fin de la primavera y el comienzo del verano. Pero aún dentro de la misma región pueden darse diferencias importantes: la sequía puede manifestarse en toda la zona o en parte de ella, incluso en distintos grados dentro de una escala geográfica pequeña. De acuerdo con algunas estadísticas, en ese tipo de años (‘La Niña’) existen situaciones de sequías con lluvias por debajo de lo normal, especialmente desde mediados de octubre hasta fines de diciembre y las precipitaciones de enero y febrero suelen ser más independientes de este fenómeno y la señal retorna en marzo-abril, con elevada probabilidad de tener lluvias inferiores a lo normal”.

En ese sentido, Magrín remarcó que “se ha tomado una conciencia muy generalizada de que el clima está cambiando y en los últimos años esta temática se instaló en las agendas socio-políticas y hay gran avidez de información. En el ámbito tecnológico existen alternativas que desde el INTA pueden ayudar a tomar mejores decisiones en años climáticamente problemáticos. Por ejemplo: si el año es ‘Niña’, conviene retrasar la fecha de siembra del maíz para evitar que la floración ocurra en diciembre, donde es muy probable que ocurran deficiencias de agua. Otra opción es disminuir la dosis de fertilizante a la siembra y reforzarla durante el ciclo, si la disponibilidad de agua lo permite”.

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